Si hay un nombre que define al acordeón norteño, es Ramón Ayala. Lo llaman "El Rey del Acordeón" y no es título de cortesía: se lo ganó tocando en bailes, cantinas, plazas y estadios durante más de seis décadas. Su historia es la historia del norteño mismo.
Los primeros años
Ramón Covarrubias Garza nació el 8 de diciembre de 1945 en Monterrey, Nuevo León, aunque creció entre el norte de Tamaulipas y el sur de Texas. Desde niño estuvo rodeado de música. Su padre tocaba bajo sexto y en las reuniones familiares siempre había alguien con un acordeón. Ramón agarró su primer instrumento antes de los diez años y para los quince ya tocaba en bailes locales cobrando unos cuantos pesos.
La vida no era fácil. Creció en una familia de trabajadores del campo que cruzaban la frontera buscando jornales. El acordeón no era un hobby, era una forma de ganarse la vida cuando no había trabajo en los ranchos. Esa experiencia de frontera, de ir y venir, de carencia y fiesta, marcó toda su música.
Los Bravos del Norte
En 1971 fundó Los Bravos del Norte con Cornelio Reyna en la voz y el bajo sexto. Esa combinación fue dinamita. Cornelio ponía la voz y el carisma, Ramón ponía el acordeón y los arreglos. Juntos crearon un sonido que nadie había escuchado: norteño con arreglos más complejos, melodías de acordeón que no eran solo acompañamiento sino protagonistas de la canción.
Canciones como "Tragos Amargos", "Mi Piquito de Oro" y "Rinconcito en el Cielo" se convirtieron en himnos que se siguen tocando en cada baile y cada carne asada del norte. Cuando Cornelio se fue para hacer carrera de solista, muchos pensaron que era el fin. Se equivocaron.
El estilo que definió un género
Lo que hace especial a Ramón Ayala no es la velocidad ni la complejidad técnica, aunque tiene de sobra. Es el tono. Cuando Ramón toca, el acordeón llora, ríe, suspira. Su manejo del fuelle es legendario: sabe cuándo darle presión y cuándo contenerla para que cada nota tenga peso emocional. Usa la escala mixolidia como nadie, mezclándola con la mayor para crear ese sabor que es inconfundiblemente "ayalero".
Su influencia es tan grande que existe un estilo de tocar que lleva su nombre. Cuando alguien dice "estilo ayalero", todo acordeonista sabe de qué habla: fraseos largos, adornos precisos, fuelle controlado y melodías que se pegan en la cabeza para siempre.
Canciones esenciales
"Tragos Amargos" es quizás la canción norteña más conocida del mundo. "Un Puño de Tierra" es una reflexión sobre la muerte que te pone los pelos de punta. "Las Margaritas" es la polka perfecta. "Corazón Vacío" demuestra que una melodía sencilla puede ser devastadora si la tocas con el alma. Cada una de estas canciones ha sido versionada cientos de veces, pero ninguna versión suena como la original.
El legado
Con más de 100 discos grabados y décadas de giras sin parar, Ramón Ayala es más que un músico: es una institución. Todo acordeonista norteño actual creció escuchándolo. Los de Grupo Frontera, los de Intocable, los de Calibre 50: todos citan a Ramón como influencia directa.
A sus casi 80 años sigue tocando, sigue llenando plazas, sigue sacando canciones. Y cada vez que un chamaco en Nuevo León agarra un acordeón por primera vez, hay una buena probabilidad de que lo haga porque escuchó a Ramón Ayala y dijo: "Yo quiero sonar así". Ese es el legado de un rey.